Te arrancaré el corazón

 —¿Estás listo para dejar de amar? —me preguntó.

—Sí —respondí, mientras lo miraba tristemente.

—Pero esto será difícil… —me miró evaluadoramente, y su voz se extinguió hasta convertirse en un susurro.— porque tu amor es demasiado grande, puedo sentirlo.

—Eso no importa —respondí, apretando los dientes —. Por eso he venido a ti; quiero arrancar esto de mi corazón a como de lugar.

Y quedamos en silencio, cada uno absorto en sus propios y oscuros pensamientos.

La luna brillaba en el cielo claro, y allá fuera se oían risas frías, que con palabras mudas se burlaban de mí. Me sentí patético y enfurecido.

—Pero hay algo que no entiendo —dijo de pronto, quebrando el silencio de la habitación. —¿Por qué la dejaste ir, si era lo último que te quedaba, según dices? Es ridículo, ¡absurdo de tu parte!

Miré por la ventana y una ráfaga de viento hizo mover las hojas de los árboles allá fuera. El camino estaba vacío: ningún alma errante lo atravesaba aquella noche. Un silencio enorme se apoderó de pronto de nosotros, tan expectante, tan vigilante, tan vacío que podía oír el ruido que hacía la sangre al correr por mis venas.

—No fue mi decisión —dije ahora, con la mirada perdida en la luz de la vela—. Supongo que fue porque me mató. ¿No crees que esa es razón suficiente? Me devolvió la vida cuando yacía moribundo, y ahora me la ha quitado despiadadamente.

—Eres una persona muy extraña. —sus fríos dedos recorrieron la mesa hasta llegar a mis manos tibias. Luego se elevaron por el aire hasta alcanzar mi rostro, y un escalofrío recorrió mi cuerpo hasta la médula cuando su índice hizo contacto con mi mejilla.

—¡He sido desechado como un perro! —dije furioso, retirando su mano bruscamente. —He sido cambiado, reemplazado, he sido herido. Ya van dos veces, y no estoy hecho para esto.

Él en ese momento se puso de pie, alto y rígido, tan pálido, tan oscuro. Sentí temor.

—Ese es el problema de los humanos —me dijo ahora, mirándome con conmiseración.— Mienten, engañan, enamoran y hieren, te dejan, te desechan, matan. Por eso el mundo está podrido. —Buscó algo entre su abrigo negro, tanteando los bolsillos. De ahí sacó un puñal, que a la luz de la lumbre despidió un frio brillo de palidez. La miré aterrado, pensando lo peor.

—Yo puedo hacer que no sufras más —dijo—. Soy el único que puede acabar con esto. —Sequé con mi puño una lágrima antes de que esta rodara por mi rostro, y seguí oyendo con un temor espectante las palabras que salían de sus labios. —Si aceptas, nadie volverá a herirte, podrás mirar con desprecio sin remordimientos. Si aceptas no agonizarás bajo el yugo de la crueldad humana. ¿Aceptas?

Mi garganta se heló, y pronto sentí que había quedado sin voz.

—Tu… ¿vas a matarme?

Al oír mis palabras soltó una carcajada sin alegría, fría, que me hizo sentir desgraciado, que me hizo querer decir “hazlo de una vez, no prolongues mi dolor”. Todo se oscureció de pronto.

—¿Matarte, dices? —me miró con crueldad. No pude soportar aquellos ojos clavados en los mios.— ¡Pero si ya estas muerto! Otros te han matado, tu lo has dicho; otros te han matado y no he sido yo.

—Entonces ¿qué harás con eso?

—Te arrancaré el corazón. —Pasó uno de sus largos y delgados dedos por el filo del puñal.— Es un trato provechoso para ambos: tu me das tu corazón y así no sentirás más. Nunca volverás a sentir aprecio por algo… o alguien. Y eso es bueno para tí. ¿Alguien ha sentido alguna vez aprecio por tí? ¿Alguien te ha preferido? No, ni tu propia madre lo hizo cuando naciste. Porque, ¿cómo alguien podría sentir aprecio por una criatura vil y estúpida como tú? Odiando solo serás más patético de lo que ya eres.

Entonces las lágrimas cayeron y no pude detenerlas. Él era cruel, era malvado, solo quería sacar provecho de las circunstancias. Pero tenía razón. Solo había un camino posible.

—Viéndolo así…—me puse decididamente en pie, tan decididamente que el ímpetu de mis movimientos botaron la silla al suelo. Pero no me di cuenta.— Acepto .—dije entonces, acercándole mi mano. El sólo sonrió.

Lo último que recuerdo fue un brillo de malicia en sus ojos.

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