Todo ha muerto

Él me dijo una vez hace mucho tiempo que amaba a otra, y todo murió. Todo murió, y se pudrió. Todo ha muerto.
Dios, llévame atrás una vez, y déjame comenzar denuevo. Porque es tan duro el camino que elegí, que no podré soportarlo con el semblante sereno. Caminaré fatigada por los caminos de mi vida hasta que el alivio de la muerte me caiga encima, siempre anhelando el amor que me fue negado.
¡Aun ahora lo anhelo!
Erré en los pasos y los cimientos de lo poco que llevaba construido se derrumbaron; cayó el delgado puente que nos unía. ¡Y todo ha muerto, Dios! La luz de todo se ha extinguido, solo quedan los ecos de los pasos de un pasado mejor. Por eso, Dios, si me estimas, ¿querrías llevarme atrás una vez, tan solo una vez? Para arreglar el embrollo en el que he atado a mi corazón, a mi pobre corazón, de entre todo mi ser, lo único que merece compasión.

Sé que puedes, vamos, el olor de esta podrida vida me asfixia los sentidos, y ya no puedo pensar con claridad. Lo único claro en mi vida es que lo amo, y que todo murió aquel día, todo se fue.

Él, tan arrogante y solitario. Yo, una niña sin nombre. Él me maldijo con su nombre y su mirada, y yo, maldita, caí rendida bajo sus encantos evocadores, condenada a caminar entre lo que poco a poco se pudre y se extingue, para siempre. O hasta que dios me lleve atrás. O hasta que me ame.

(Publicado originalmente en febrero del 2009)
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