Que dulzura

Que dulzura tan evocadora son tus labios. Por eso, cuando te vea, te abrazaré tan fuerte que por unos instantes te dejaré sin respiración. Y largamente miraré tus hermosos ojos azules, y acariciaré tus cabellos, para comprobar si son de oro. Y no habrá cabida para decir adiós, porque he esperado tanto, tanto tiempo… pero si te cansas, podemos volver juntos a casa, y ninguno de los dos tendrá que decir adiós. Ningún adiós saldrá de tus dulces labios. Y ahí, en la quietud de la casa, te leeré todos los anónimos poemas que escribí para ti durante esta larga espera, con la esperanza de mostrártelos algún día. Y luego, te besaré y te acariciaré, y me esforzaré para que mi corazón no estalle de alegría. ¡No habrá que decir adiós! No habrá cabida para las cosas malas, ni espacio para las sombras. Y mientras te vuelvo a besar caerá la noche, y se alzarán las estrellas.

Podrán pasar muchas lunas, podrán pasar años, pero de la quietud estacionaria de tus labios no podrán sacarme ni diluvios ni tormentas.

(Escrito y publicado originalmente en febrero del 2009)

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