Mitología germana, los Edda, el Kalévala y Tolkien

Annarr sonr Óðins er Baldr,
ok er frá honum gott at segja.
Hann er svá fagr álitum ok bjartr svá at lýsir af honum,
ok eitt gras er svá hvítt at jafnat er til Baldrs brár.
Þat er allra grasa hvítast,
ok þar eptir máttu marka fegrð hans bæði á hár ok á líki.
Hann er vitrastr ása ok fegrst talaðr ok líknsamastr.
En sú náttúra fylgir honum at engi má haldask dómr hans.
Hann býr þar sem heita Breiðablik, þat er á himni.
Í þeim stað má ekki vera óhreint

 

¡Ah, la mitología nórdica! Una joya entre la mitología universal. Y de entre todas las mitologías en las que he inmiscuido la nariz, es la mitología germana y todas sus ramas la que me ha interesado particularmente, es por eso que en la entrada aludo al mito de Baldr.
Para quienes no saben, como mitología se entiende un conjunto de mitos que guardan relación entre sí; pero como mitología también se define a la ciencia que estudia el mito y cada uno de los mitos. Y aunque la definición de lo que es un mito no es unívoca, algo es seguro: los mitos pertenecen a los fundamentos espirituales de la existencia humana e influyen en la cultura y actuación de las personas mucho más de lo que pensamos. Por ejemplo, la gente mayor en general cuando escucha ruidos extraños en un lugar dice que “están penando” y acuden a tirar chuchás al aire para “espantar al espíritu” xD
A lo que quería llegar es que aún así y todo se suele confundir la mitología germana con la mitología alemana, pero lo cierto es que la mitología germana se subdivide en tres grandes ramas: la mitología anglosajona, la mitología alemana y la mitología nórdica ó escandinava. Es una verdadera lástima que las ramas de la mitología germana sean poco exploradas. El conocimiento que se tiene de ellas en la actualidad lo remitimos a diferentes fuentes: textos románicos, conjuros mágicos de Alemania e Inglaterra transmitidos de forma oral, literatura eclesiástica y los textos nórdicos elaborados entre los siglos IX y XIII. Muchas de estas fuentes proceden de la Europa no escandinava y, por lo tanto, están permeadas por la visión del observador extranjero que, eventualmente, puede inclusive tener una visión antigermánica, o fueron redactados cuando Escandinavia ya había sido cristianizada. Es por lo mismo que no es posible encontrar en la actualidad textos que tengan una visión de los hechos del punto de vista religioso: siempre es visto como una mitología [o sea, con esto quiero señalar que quienes recopilaron esta mitología en textos no creían en las deidades germanas, sino que las veían como parte de su cultura, su identidad local y su folklore nacional].
Mi interés por la mitología surgió cuando cursaba la básica., en el momento en que en una clase de historia me mostraron a las principales deidades griegas. De ahí me conseguí en la biblioteca algunos libros sobre mitología universal [cuentos e infantilidades varias], y ahondé un poco más en mitos tanto indios, japoneses y rumanos como chilenos. Pero mi encuentro con la mitología germana no sería hasta que descubriera que mi autor favorito, Tolkien, había usado algunos elementos de ésta. Al poco investigar tropecé con algunos nombres de gran importancia: Kalévala, Snorri Sturluson y los Edda, Béowulf y El Cantar de los Nibelungos. Busqué los dos primeros libros anteriormente mencionados en las principales librerías de Santiago sin éxito alguno [me embargó una frustración total en ese momento, ¡qué falta de cultura hay en nuestro país!]. De todos modos tengo que admitir que estos libros son un poco difíciles de encontrar, porque, me atrevo a decir, están catalogados para verdaderos fanáticos, por lo que mi mayor posibilidad en aquel entonces radicaba en encargarlo del extranjero. Sin un peso en los bolsillos y mucho menos PayPal ó Visa, esperé; hasta que tiempo después intenté la posibilidad de descargarlo de Internet, y lo logré [lo bajé del Ares]… solo que las versiones completas estaban en finés e inglés. Aún así mi afición me llevó a traducirlos con el traductor de Google y a leerlos completos… y al llegar a la última hoja del Snorra Edda ya me había enamorado. Desde aquel momento una de mis principales metas era la de encontrar a alguien de habla hispánica que también hubiera leído esos libros, pero sinceramente no indagué mucho. De todos modos creo haber encontrado a un muchacho que también los leyó… aunque no estoy segura.
Aún así y todo hay que considerar que los Edda derivan del medioevo, es decir, una época en que las estructuras de los pueblos y linajes que conformaban originalmente la sociedad de los germanos se consideraban en vías de extinción [una gran pérdida para la humanidad]. Además estos textos se encuentran de una forma artística o simplemente enajenada: no son artículos científicos [vaya que me gustaría que lo fueran]. En el caso de los Edda, por ejemplo, no se trata de una literatura religiosa; todos los intentos de encontrar en los Edda prácticas de culto han fracasado hasta ahora. Y es que Snorri Sturluson, el que compendió los Edda, pretendía proporcionarle a los jóvenes bardos finlandeses material para realizar sus canciones, de ninguna manera quería instruirlos en materia espiritual [ya Sturluson había sucumbido al cristianismo]. Por esto mismo él veía la mitología germana con un ojo nacionalista y folklórico, jamás religioso. En este sentido Snorri me decepcionó.
Por su lado el Kalévala resultó mas llevadero; es considerado como la “epopeya nacional finlandesa”. De hecho “Kalévala” es una denominación poética de Finlandia y significa “Tierra del Kaleva”. En su versión original el Kalévala no era muy largo, comprendía sólo 50 cantos. El Kalévala narra las aventuras de Väinämöinen, Ilmarinen y Lemminkäinen, hermosos héroes que tienen dotes de magia y sabiduría. Sufren aventuras y desventuras típicas de la literatura épica [y con agregados frívolos, por ejemplo el hecho de que Lemminkäinen era un mujeriego]. La idea más claramente tomada por Tolkien de éste libro es, sin duda, la similitud de Kullervo con Túrin, sobre todo en la forma en la que ambos se suicidan [arrojándose sobre el filo de su espada]. No negaré que el leer en verso es un poco incómodo, pero a la larga se puede disfrutar mucho de este tipo de literatura; es algo así como leer el Mío Cid.
Y bueno, este es un punto que quería tocar. No es nuevo decir que Tolkien se sirvió de este tipo de mitología para desarrollar sus obras y, en general, su cosmogonía completa [y no fue el único, Edison, Donaldson, Lewis y hasta la misma Rowling lo han hecho]. Esto de ninguna manera convierte su obra en un plagio, o en una especie de plagio. ¡Quien diga eso está loco! Tolkien, el genio del siglo XX, tomó de esta mitología diversos nombres e ideas, pero de ningún modo la trama o estructura completa de su obra. Hay de hecho quienes se aventurar a afirmar que las similitudes entre El Señor de los Anillos y El Anillo de los Nibelungos son muchas, pero decir que esto es una copia es tan estúpido como decir que Harry Potter es la copia de Frodo Bolsón, sólo por el hecho de que ambos son huérfanos, ambos deben vivir con sus tíos, ambos son cuidados de cerca por un mago anciano y bondadoso y ambos deben emprender largos viajes para destruir a sus enemigos. A pesar de que visto de ese modo suena como si fueran cosas exactamente iguales, quien se adentre en ambos textos podrá ver que no son más que las pinceladas literarias que son frecuentemente utilizadas en este tipo de mitopoética.
De cualquier forma es innegable que en las obras de Tolkien se encuentran numerosas influencias de la mitología germana. Ilúvatar, por ejemplo, tiene una configuración muy similar a la de Allvater. Manwë muestra muchas similitudes con Odín. Como Fenriswolf, Melkor es encadenado por sus compañeros dioses y esgrime con Grond un gigantesco martillo, igual que el dios del trueno, Thor. El collar llamado Nauglamír tiene un fuerte antecedente en Brisingamen, el collar de Freija. Es más, la Tierra Media recuerda a Midgard y, Tolkien mismo, comparó en sus primeros escritos a Valinor con Asgard. En las frecuentes y bárbaras acciones irracionales de los Valar y de los Elfos fuede reencontrarse algo de la barbarie que rodeaba a Thor y a Odín, y a todos los dioses que los acompañaban; de su irrefrenable sed de guerra que los llevó a ellos y a su mundo a la destrucción, y de su poca consideración hacia los demás y hacia ellos mismos. Inclusive en la creación del Sol y de la Luna hay paralelismos con las sagas germanas; la serpiente de Midgard aparece en Roverandom, lo mismo que el dios marino Niord; el perro del Granjero de Ham se llama Garm, como el perro del infierno de los germanos, y el cuerno de aliento del Hombre de Navidad recuerda al cuerno celeste de Heimdall.
Ya han pasado varios años desde que descubrí por vez primera esta mitología, y aún hay cosas nuevas que van apareciendo y que voy descubriendo. Por lo demás no me atrevo a sentirme como una gran conocedora de las sagas nórdicas… son muchas y he leído pocas. Aún así y todo me siento lo suficientemente valiente como para hacer una presentación de las principales ideas y los elementos que configuran la mitología germana.
En la historia de la creación de los germanos , en el principio solo estaba la Grinungagap, la Nada Silenciosa. A partir de ella el espíritu de Allvater crea el Ser, y luego crea en el sur Muspelheim, la tierra de la incandescencia y del fuego; en el norte Niflheim, la tierra del frío y de la oscuridad. Las chispas que brotan de Muspelheim hacen que el hielo se derrita, y del deshielo emerge el gigante Ymir y, poco después, Audhumbla, una vaca gigante de cuya leche se alimenta Ymir. Un día, mientras Ymir duerme, brotan de sus axilas dos seres gigantescos, un hombre y una mujer de los cuales descienden los gigantes del hielo y de la escarcha. Entonces Audhumbla lamió el hielo y de él salió un hombre llamado Buri, que engendró por sí mismo a su hijo Börs. Y de su matrimonio con la giganta Bestla nacieron los primeros Asen: Odín, Wili y We. Éstos mataron a Ymir y en su sangre se ahogaron todos los gigantes, excepto Bergelmir y su mujer, que son los ancestros de todos los gigantes.
Del cuerpo de Ymir los Asen crean la Tierra: de su sangre hacen el agua, de su carne la tierra; de sus huesos y dientes rocas y montañas; de su cráneo el cielo; de su cerebro las nubes; de su cabello los árboles y de sus cejas el Wall Midgard, uno de los nueve reinos del mundo, el Mundo de los Hombres. Después, de las chispas de Muspelheim los Asen crean las estrellas; de un fresno esculpen al primer ser humano, un hombre; después, de un olmo, a una mujer.
En lo cotidiano Allvater no jugaba ningún papel religioso, pues su máximo dios era Odín. Asgard era la tierra sagrada de los Asen, que vivían allí en doce castillos. Odín vive en el Walhalla, donde recibe a los que han muerto con gloria y que le son presentados por las valkyrias. El arco iris, puente Bifröst, une a la tierra con el cielo y está vigilado por Heimdall.
La esposa de Odín es Freija, la protectora del matrimonio, y su hijo más conocido es el dios del trueno, Thor. El dios del sol es Baldr, quien muere por una treta de Loki, hermano de Odín y dios del fuego [muchas veces se lo personificó como representación de la envidia y de la mala suerte]. Fenriswolf, el vástago de Loki, fue encadenado por los dioses mediante una argucia; en este trance Thyr, el hijo de Odín, pierde una mano. Al final de los tiempos, en el Crepúsculo de los Dioses, Fenriswolf arrancará sus cadenas y combatirá a los dioses junto con su hermana, la serpiente Midgard, que descansa en el fondo del océano y que rodea con su cuerpo a toda la tierra, y otros aliados, entre ellos el perro del infierno Garm.
En el centro de Asgard se yergue Yggdrasil, el fresno perennemente verde, en cuyas raíces se encuentra Hel, el reino de los muertos, a donde llegan quienes no han muerto en combate. En la fuente de Urd, a cuyo lado se encuentra el fresno, viven los nornen urd, los Verdandi y los Skuld, que conocen y determinan el futuro. Después del Crepúsculo de los Dioses surgirá un nuevo mundo, que volverá a estar estructurado como el anterior.
Dudo que alguien llegue a leer esto alguna vez, pero se me hizo imposible no escribirlo porque me encontraba en un momento de inspiración muy productivo. Ahora me iré a seguir leyendo Béowulf. Quizás mas tarde encienda el DVD y vea la adaptación, Béowulf y Grendel.
Y es que no puedo dejarlo, es asi de simple. Soy adicta a lo nórdico.
(Escrito y publicado en abril del 2009)
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