Artemis Fowl

Había oído hablar sobre Artemis Fowl hacía mucho tiempo, pero no dimensioné el peso de este nombre hasta hace un mes. Leí por ese entonces una crítica en Internet que comparaba mordazmente a Fowl con Harry Potter, no en el estricto sentido de que ambos libros tuvieran semejanzas, sino que en el grado de absorción que produce en los lectores el estilo narrativo de ambos textos, y el crítico afirmaba casi con fervor que Artemis Fowl no tenía cosa alguna que envidiarle al señorito Potter. Al libro, me refiero.

Bueno, desde ese tiempo a esta parte me dediqué a leer muchas otras cosas, y por sobre todo a escribir. Pensé el año pasado que, con ya dieciocho años y una vida que empezaba a madurar, lo que leía también debía seguir por ese carril. Cometí entonces el error de forzarme a leer otro tipo de literatura; devoré sin avidez alguna los dos tomos de Hanta Yo (un libro que trata sobre la vida de los indios norteamericanos del siglo XVII), pasé por varios libros y cuentos de García Márquez (no me decepcionaron, pero tampoco me incitan a una nueva lectura inmediata) e incluso tomé la vomitiva decisión de leer Nosotras que nos Queremos Tanto, de Marcela Serrano. Fue horrible, y suena tal vez literariamente arrogante pero me sentí mal leyendo estos y otros varios libros.

Después de eso me acoso una pregunta, ¿debería seguir mi inclinación por lo inexistente, por la ficción y por la fantasía para siempre?, y casi inmediatamente respondí con otra pregunta: ¿qué tiene eso de malo? Es que así soy yo, eso es lo que me gusta y si me gusta esto toda la vida, no hay drama.

“Manos a la obra entonces”, me dije, y empecé la búsqueda de títulos atrayentes en Internet. Lo de siempre… Eragon, El Señor de los Anillos, Harry Potter, Narnia, Arthur, Fairy Oak eran los resultados que entregaba el buscador. ¡Rayos, todos esos los había requetecontra leído! Entonces hurgué en las páginas más desconocidas, en esos foros literarios a los que pocos valientes se atreven a entrar, y volví a leer aquel nombre: Artemis Fowl.

Bibliometro es la gran salvación de los lectores que no tenemos plata como para comprarnos todo lo que queremos leer, y los que a la vez no estamos dispuestos a comprar libros pirata. Fue entonces cuando, por tercera vez y mientras solicitaba la segunda parte de La Materia Oscura, vi en la estantería un nombre que ya me resultaba conocido.

Le pedí entonces a la chica que atendía que me acercara el tomo, y lo examiné con ojo crítico, el que (seré pedante, ¿y? ¡es mi blog!) desarrollamos todas las personas que leemos con frecuencia. Me fijé en la envergadura del libro… 300 páginas, no es mucho. La portada, podría ser mejor. El título, ¿Artemis Fowl? ¿quién diantres es Artemis Fowl?.

La intriga mas que cualquier otra cosa me hizo pedirlo, porque, ¿quién no querría saber qué es lo que trama el mocoso que osa compararse con Harry Potter? Y bueno, tras finalmente tenerlo entre mis manos y mientras iba sentada en el metro (iba acompañada y es una rotería lo que hice, pero no pude evitarlo) me puse a hojearlo. Unos cuantos nombres me sentaron bastante mal; “Capitana Canija”, “Mayordomo”, “Remolacha”, “Mantillo Mandíbulas”, “Potrillo” y “La PES” fueron nombres que me causaron un desagrado y una repulsión inmediata, ¿cómo un autor podía atreverse a ponerse esos nombres de payasos a sus personajes principales?

Y entonces al llegar a mi casa me enfrasqué en la lectura de aquel libro, y al llegar a la página 100 lo tomé y lo dejé sobre una mesa. “Es una mierda” fue lo primero que pensé, y al día siguiente le comenté a un par de personas sobre lo mismo. “No pienso terminarlo, es una mierda. ¿Cómo alguien pudo comparar a Harry Potter con semejante bazofia?”. Pero la vocecita de la culpa, esa misma vocecita que me obligó a terminar de leer Hanta Yo, la que me obligó a leer los libros del colegio… la que me hizo no bajarme en octavo básico un resumen de Quidora, Joven Mapuche., esa voz de la conciencia y orgullo literario me hicieron perdonar momentáneamente a Fowl y leer el libro hasta el final. “Pero solo este libro –le recriminé a la voz-. No pienso leer toda la saga, es basura”.

Se preguntarán por qué llamo “basura” a este libro, considerado un best seller. Bueno, pues porque lo que leí antes de decir que Fowl era una porquería fue toda la introducción a la historia, donde se presentan los personajes y donde no se ahonda aún en las personalidades de quienes sobre los cuales se relata. Fue chocantes para mi leer en primera instancia que los elfos y los duendes tenían un cuerpo de policía llamado “la PES”, que había un centauro llamado Potrillo, que decía groserías y que era un genio tecnológico… que los duendes tenían pistolas láser al mas puro estilo de Star Wars, y que el protagonista era un niño antipático, creído, pedante, arrogante, que iba acompañado en todo momento de su mayordomo y guardaespaldas… que encima se llamaba Mayordomo (sí, un mayordomo llamado Mayordomo, no han leído mal). Era ridículo, ridículo.

Pero bueno, me tuve que tragar las palabras, los insultos y las puteadas que le dirigí a Eoin Colfer, el autor irlandés, después de que terminé de leer el primer libro. Pasando por alto los nombres, que aun me parecen algo inverosímiles, ¡quedé fascinada! Todo iba cobrando sentido aún con más audacia que en los finales de Harry Potter. Las maquinaciones de Fowl, leer el libro desde dos puntos de vista a la vez, desde las Criaturas (los seres mágicos que habitan el subsuelo) y desde el de Artemis… ver de qué manera los hilos de varias historias se entretejían con una habilidad abismante. En poco más de 300 páginas Colfer me hizo tener varios sobresaltos, me hizo entrar en una infinidad de mundos y recrearlos vivamente en mi cabeza loca. Ay de mí si no hubiera leído nunca Artemis Fowl, porque como quizás intuyeron uds, al día siguiente deboré los dos tomos siguientes, Artemis Fowl: Encuentro en el Ártico y Artemis Fowl: El Cubo B.

Me embarga una emoción que solo los amantes de este tipo de narrativa podrían vislumbrar, pues acabo de descargar de Internet el cuarto tomo 4 de la saga, Artemis Fowl: La Venganza de Opal…y sé que dentro de unos pocos minutos, cuando empiece a leer, lloraré, porque uno de los personajes muere.

Y es que Colfer hizo de sus personajes parte de mi grupito de amigos predilectos, esos que no te hablan, de esos a los que no puedes tocar ni abrazar… de esos que no te miran, pero que te acompañan toda la vida, y sin los cuales no puedes existir.

(Escrito y publicado originalmente en agosto del 2009… no me juzguen, era joven y apasionada)

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