Corazón Enamorado

—¿Qué le sucede? —preguntó la enfermera.
—Creo —respondió el doctor, frunciendo levemente el ceño— que es porque no puede dejar de pensar en él.
La mujer ahogó un gritito, y abriendo los ojos de par en par miró a la muchacha que se hallaba tendida en la camilla.
—Entonces doctor, ella está… está… ¿enamorada? —susurró la enfermera, bajando especialmente la voz en la última palabra: era demasiado terrible como para pronunciarla en voz alta.
—Me temo que sí —respondió el doctor, algo abatido.
Ambos se sumieron entonces en sus pensamientos, demasiado afligidos y nerviosos por el diagnóstico de la muchacha. La enfermera le lanzaba furtivas miradas de conmiseración y a la vez susurraba por lo bajo pobre jovencita, pobre.
El doctor, por su parte, debía tomar una decisión médica. Y debía hacerlo con cuidado, porque si algo salía mal, las consecuencias podías ser desastrosas.
—Por favor, llame al equipo médico —le pidió de pronto a la mujer, haciendo que ésta diera un respingo—. Creo que debo realizar una cirugía, urgente.
La mujer nerviosa, se puso de pie con tanta prisa que volcó una silla. Tras tomar el pomo de la puerta y hacerlo girar, se volvió, dudosa, y miró al médico.
—¿Cuál será el siguiente paso a seguir?
—Le extraeré el corazón —sentenció el hombre, sacándose las gafas y colocándolas en su escritorio, junto a una carpeta de archivos—. No podemos permitir que vuelva el amor a este mundo… y un corazón enamorado debe ser puesto en cuarentena. Nos costó la Tercera Guerra Mundial erradicarlo completamente de nuestro planeta.
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