Silencio

Silencio. Un silencio amargo y mudo, un susurro que lucha por hacerse entender en medio del ruido que emite la soledad.

Silencio. Es todo lo que oigo en tu pecho cuando te digo que te amo, cuando entre gritos sordos pronuncio tu nombre, y esquivas la mirada.

¿Es acaso esto una pesadilla?

Silenciosa pesadilla en la que te alejas, dándome la espalda, a pasos largos. Desde un rincón te observo, con la cara húmeda, pero tú no me miras, no me ves… eres demasiado ajeno a todo.

Mírame, por favor mírame, y te prometo que huiré contigo. ¡Contigo, muy lejos! ¿A dónde vas, niño del silencio, niño ignorante, niño perdido? Por qué te vas lejos… ¡corramos juntos!

¿Es acaso esto un sueño?

Estoy enamorada de ti, a pesar de todas las cosas. ¿Y cómo podría ser diferente? Sé que no debería ser así, pero, ¡demonios!, si no lo dijera, ¿acaso no sentiría lo mismo? Soy una enamorada sin remedio.

Entonces la única salida es el silencio. Quedarme callada y guardar todo, siguiendo como si nada hubiera ocurrido. Me mirarás y te miraré con rabia, intentando ocultar todo esto, y pensarás que ya no me interesas.

Nunca dejé de hacerlo, nunca. Y nunca dejaré… nunca.

¿Te dije ya que te amo demasiado?

(Escrito y publicado originalmente en mayo del 2009)

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