Elantris

Elantris es un libro que descubrí por pura casualidad. De hecho, antes de empezar a leerlo no tenía idea de que existía, y me alegro por ello, ya que de otro modo seguramente habría tenido prejuicios contra él.

Este hallazgo fue obra y gracia de los malditos (y benditos) días que he tenido que pasar sin Internet. El aburrimiento me llevó a la necesidad de hacer algo, decidiéndome entonces por ordenar los cientos de libros en PDF que tengo en el PC, en carpetas según género y autor. Pasa que a Brandon Sanderson no lo conocía ni de nombre, ni siquiera me sonaba un poco, y su obra Elantris menos aún. Así que hice un rápido doble clic y abrí el texto para ver qué tal.

Vaya, pensé. El primer párrafo es un flechazo directo y certero, de esos latigazos que Rowling, Colfer, que Tolkien y Verne saben dar, que te amarran y no te sueltan, no te dejan ni respirar hasta que has absorbido la última página de narración. Es justo en la última frase del libro cuando recién el aire puede entrar a tus pulmones, y te das cuenta de que estás en éste mundo, y no en ese. Así de potente me resultó Elantris.

Y es que es mucho, mucho más que un libro de fantasía. De hecho, la fantasía está presente solo en esencia, porque el hilo conductor de todo el libro es otro. Digamos que la magia, la política, el amor y la aventura se han mezclado muy pero que muy bien, dando origen a un libro que es narrado desde tres puntos de vista por personajes perfectamente caracterizados, distinguibles y entrañables.

El libro comienza haciéndonos un resumen sobre Elantris, la ciudad. Elantris era un lugar divino, la ciudad de los dioses, un sitio sagrado en que sus habitantes, los elantrinos, gozaban de una vida muy larga y de poderes mágicos, que hacían que el país de Arelon gozara de prosperidad y buena fortuna.

Pero un día, hace diez años, esa magia falló, y La Shaod (el poder que transformaba a los humanos al azar, en elantrinos) se convirtió en una maldición. Elantris cayó, sus habitantes se volvieron leprosos, sus corazones dejaron de latir, y siguieron viviendo su muerte por la eternidad. Si te lastimabas un pie, ese dolor seguía por siempre. Si te cortaban la yugular, te desangrabas por siempre. Así de terrible era La Shaod.

Por eso mismo el reino de Arelon perdió el poder que la sostenía y temió que su país sucumbiera bajo la influencia religiosa del reino fanático de Fjordell, por lo que el rey rápidamente organiza la unión de su hijo, el príncipe Raoden, con la princesa del reino de Teod, Sarene. El problema es que cuando la princesa llega a Arelon, le comunican que su prometido ha muerto.

Aún así y todo el acuerdo sigue en pie y es deber de la princesa mantener viva la alianza entre Arelon y Teod, y en especial debe ocuparse de mantener vigilado a Hrathen, un monje de Fjordell que quiere convertir a Arelon y Teod a su religión, cueste lo que cueste.

Lo que nadie sospecha y justamente lo que Sarene debe averiguar, es que en realidad el príncipe Raoden no murió: fue alcanzado por La Shaod y fue lanzado por su propio padre a Elantris, en donde debe luchar por sobrevivir, ayudado por Galladon. Ahí reune a todos quienes fueron alcanzados por La Shaod, los organiza y también investiga los motivos por los cuales la Magia dejó de funcionar.

No entraré en detalles porque a veces se me pasan los spoilers, y no quisiera dárselos. Pero en serio, si hay algún humano (lo digo por los bots de google) leyendo esto, ¡léanlo! El libro lo devoré y ya quisiera volver a leer algo más de este autor. Como dije antes, es un libro ambientado en un universo paralelo, lo que quiere decir que hay continentes nuevos, países nuevos, idiomas nuevos, nombres nuevos… todo un mundo por explorar. El autor es muy inteligente al desarrollar la trama, ya que crea subtramas que encajan al final, presenta bien a cada personaje y lo diferencia uno del otro de una forma magistral.

Solo puedo añadir que para los amantes de la literatura fantástica es un libro que no pueden dejar de leer, es soberbio, interesante, profundo, con una cosmogonía propia y con una pluma tan buena y atrapante, que me hacen darle cinco jumbitos.

 

 

 

(Escrito y publicado originalmente en marzo del 2010)

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