Túneles

Debo decir que en sí la historia de Túneles es bastante buena, pero si tenemos en cuenta que los autores son dos, Roderick Gordon y Brian Williams, no es exactamente una trama de imaginación desbordante ni alucinante. Y es que dos cabezas podrían haber pensado mucho más que una, pero no fue así, se limitaron a hacer un refrito y a meterle mucho suspenso a la cosa (y les resultó bien, de todos modos). Es un buen libro, bastante entretenido, interesante y atrapante, pero me la pensaría dos veces antes de leerlo de nuevo, no es como por ejemplo Artemis Fowl, que no te cansas de leerlo; es para una lectura y quizás una segunda, pasado mucho tiempo después. Eso si, lo recomiendo, vale la pena.
Y bueno, ¿qué es Túneles? Túneles es el primer libro de una saga de género fantástico, cuya segunda y tercera parte se llaman Profundidades y Caída Libre, respectivamente. Hace muy poco salió a la venta en Inglaterra la cuarta entrega de esta saga, pero aún no está disponible en español. Roderick Gordon y Brian Williams afirmaron que la saga terminará en los libros seis ó siete. Y esto es bastante peligroso para un lector ávido y empedernido como yo: las sagas son una terrible trampa. Lees el primero y no puedes acabar… y la cosa es peor cuando se trata de una saga que está en proceso de elaboración, porque no sabes qué pasará, los libros son difíciles de conseguir y te preguntas a cada momento si el tomo siguiente estará a la altura de su predecesor.
La historia trata sobre un adolescente de catorce años llamado Will Burrows, que tiene la extraña afición de cavar túneles en su tiempo libre. Su padre, el sr Burrows, es arqueólogo, pero por cosas de la vida terminó en un mediocre empleo, como responsable de un museo de artículos donados. Will además tiene una hermana, Rebecca, que se caracteriza por mantener siempre una limpieza muy pulcra y llevar el orden y las cuentas de la casa (sin ella la familia es un desastre) y una mamá, la sra Burrows, que es adicta a la tele, vive en el living de la casa, ve televisión las 24 horas del día y duerme en el sofá, para estar siempre cerca de su amado aparato. Los Burrows son de clase media baja, viven en un sector popular de Londres y el dinero apenas les alcanza para tener la comida del día.
La sensación que me dejó la familia Burrows fue extraña. Demasiado disfuncional, sin muestras de cariño entre sus miembros y sin comunicación. Los únicos que parecen tenerse afecto son Will y su padre, pero entre los demás miembros no hay un ápice de diálogo. Mucho menos el matrimonio Burrows, que en todo el libro solo se dirigieron la palabra para pelear, justo cuando el sr Burrows desaparece.
Bien, empezaré a desmenuzar. El principio de la historia es muy prometedor, mostrándonos a Will y a su padre haciendo un descubrimiento subterráneo: una estación ferroviaria perdida. Esto solo logra generar una expectativa que jamás se cumple, pues este importantísimo hallazgo no se vuelve a tocar en toda la historia. Simplemente se olvida. El papá de Will siempre soñó con hacerse famoso en base a algún descubrimiento de este tipo y cuando finalmente encuentra algo interesante, no hace nada. Esto me dejo bastante descolocada, me produjo la sensación de que los autores sinceramente no supieron como empezar la historia, creando entonces una escena que luego no volvería a ser trabajada. El primer capítulo si bien no es desechable, es completamente mejorable, o mejor dicho conectable con el resto de la historia. No sé, quizás debieron haber visto ahí abajo a un styx o una de las ratas ciegas de la Colonia, o algo que encajara con lo que venía a continuación.
A medida que avancé y conocí a los personajes, me di cuenta de que las personalidades de cada uno no fueron bien acabadas. El peor error lo cometieron con Will: un chico bastante pusilánime, que no demuestra demasiados matices emocionales. Me atrevo a decir que Will es un personaje completamente plano que no sufre evolución alguna durante la historia; su carácter es exactamente el mismo tanto al inicio como al término del libro.
Tam Macaulay, por otro lado, me deja una impresión levemente distinta; intentan hacerlo del tipo heroico, pretensión que resulta completamente trivial al momento en que lo presentan junto a un montón de borrachos (cuando muestran a Imago) haciendo nada. ¿Qué hacía en los Rookeries? Los autores quisieron que Tam fuera aquel personaje entrañable cuya muerte a todos hace llorar, pero no resultó. Personalmente la muerte de Tam me dio absolutamente lo mismo. Matar a un personaje que no fue bien acabado es lo mismo que matar a nadie.
Y qué decir de los hermanos Clarke, una copia descarada y mal hecha de los gemelos Weasley. El papel de freaks está mal plasmado, mal enfocado, el diálogo que sostienen frente a Will es demasiado sobreactuado. Me deja la impresión de que forzosamente quieren plasmarlos como personajes extraños y graciosos, cada uno completando los diálogos de los otros, haciendo malabares con las verduras que venden. Horrible.
Caleb Jerome me gustó. Tiene matices, emociones, reacciones inesperadas y esperadas, se queja, sufre, se emociona, es agradable, a veces desagradable. Creo que Caleb junto a su gato Bartleby fueron los únicos personajes que realmente calaron en mí.
Creo que el hecho que más me molestó de todo el libro fue la pusilánime reacción que tuvo Will tras enterarse que su familia no era realmente lo que parecía. Ok, tienes catorce años, una madre, un padre y una hermana, y de un momento a otro te enteras que ellos no son tu familia biológica, que naciste en una Colonia del subsuelo y que tu familia te había adoptado… conoces a tu familia biológica, a tu padre biológico que te odia, a tu abuela y a tu hermano… te enteras de que tu madre huyó de la Colonia para darte una mejor vida, y que nadie sabe si está viva o muerta en la superficie ¡¿Y REACCIONAS COMO SI NADA?! En ese punto del libro, en el que Will conoce a su abuela y acepta que realmente es quien dice ser, me dieron ganas de cerrar el libro y ponerme a bufar. ¡No hubo un ápice de emoción! Fue el clímax de la historia, pero un clímax sin sentimiento. ¡No me produjo nada! Y odio cuando un capítulo, de un libro que se supone es un best seller, no me produce nada.
Lo mismo que lo anterior para cuando Will se entera de que su hermana de toda la vida, Rebecca, era una styx, una espía que fue colocada en su familia para vigilarlo, toda la vida. “¡Perra!” fue la mayor cuota emocional que pudo aportar el muchacho con su escaso diálogo. ¿No debería acaso haber apelado a ella, haber apelado al amor fraternal que se tenían, para que lo ayudase a huir de los styx? Y si quizás Will en el fondo sabía que ella no lo ayudaría, ¿no debería acaso haberlo intentado? Hurr durr.
Mmm lo último, el 75% del libro está salpicado de pensamientos comparativos de Will con situaciones metafóricas que parecen, también, forzadas. Si todas esas palabras superfluas e incómodas hubieran sido omitidas, el libro hubiera resultado mucho más ligero y agradable, más sutil y menos duro.
A pesar de que quizás destruí un poco el libro, me gustó. Esto que presento son solo situaciones que me hacen aborrecer que se le ponga al nivel de libros como Harry Potter y Artemis Fowl, incluso de Elantris, porque a pesar de que muy probablemente tiene merecido el epíteto de best seller, no le llega ni a los talones a Arty, Harry o a Raoden.

(Escrito y publicado originalmente en octubre del 2010)

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