Capítulo 10

—Esto es algo incómodo.
—Chucha sí, pero tengo unas películas de Harry Potter que descargué el otro día, si querís las vemos.
—Pepi, hablo en serio.
—Yo igual.
—¿Quién coño es ese tipo? ¿Por qué sabe de Javiera? ¿Por qué dijo todo eso?
Estaba rooooja, más roja que la Camila Vallejo el 11 de septiembre, roja como tomate sin saber donde chucha meterme y odiando al Ibizo con todo mi corazón de guarén. Apreté mis dientes de vampiro y empecé a jugar con mis dedos pensando rápido. Qué plancha, por la chucha, cómo era posible tanta mala cuea: Ibizo y Español juntos el mismo día, a la misma hora y por el mismo canal.
—Es mi compañero de taller… le conté lo de Javiera… dijo todo eso de loco que es.
—Pepi, mírame.
Lo miré con mis ojos de Denver el dinosaurio y me sentí rara. ¿Por qué chucha tenía que estar dándole explicaciones? Mal que mal, éramos amigos no más.
—¿Tienes rollo con ese tío?
Sopesé las posibilidades de responder, pero recordé que no quiero puntos negativos en mi karma, así que decidí ser sincera.
—Una vez nos dimos un beso. Hemos salido a bailar. Lo encuentro lindo. Si eso es rollo, sí, tengo rollo. Pero no me gusta, lo veo solo como amigo… así como me ves tu a mí.
El español se mordió el labio y me miró con el ceño fruncido. Con una mano sacó una galleta y jugueteó con ella entre sus dedos, pero no se la comió. Poco a poco la fue deshaciendo, dejando las miguitas en la mesa.
—Yo no te veo como a una amiga, y lo sabes.
—¿Yaaa? —me enojé—. Oye, no estoy pa tu webeo. En serio. El otro día me dijiste que éramos amigos, y antes de eso, me regalabai flores y me dedicabai canciones piojentas del Alex Ubago.
—Pepa, es que todo este lío ha sido demasiado complicado. Hay algo que tu no sabes.
Oh, por la mierda, y ahí vamos de nuevo. Otra súper revelación traumática. Se me pasaron mil cosas por la mente. ¿Gay? ¿Había nacido mujer? ¿Extraterrestre? ¿Era mi hermano perdido? ¿Era mi gato que había sido hechizado y había adoptado forma humana?
—Suéltala, ya estoy curá de espanto.
Movió sus manos nerviosos y al final decidió echarse hacia atrás en la silla, quizá por seguridad, así evitaba el manso combo en el hocico que yo ya tenía preparado en mi puño en caso de que saliera con alguna sorpresa desagradable.
—Con Javiera nos íbamos a casar… ahora. La fecha de la boda era para dentro de un mes. Y bueno, todo esto ha sido un completo desastre. Ya no sé que hacer, no sé que pensar de ella, qué pensar de ti, a veces siento como si simplemente flotara a través de una y otra cosa y no pudiera aterrizar los pies.
Ok, eso fue raro. Yo tampoco entendí muy bien, pero bue. Abrí mi boca incapaz de cerrarla. No se merecía un combo, o quizá sí, por no habérmelo dicho antes. Se iba a casar con la chabacana, o sea que la cosa iba en serio. O sea que yo era una zorra suripanta bataclana aparecida destruye hogares. Me dió como una puntá en la guata.
—Bueno, está bien. Mira —le dije, intentando no demostrar mi sorpresa y tratando de suavizar aquella situación—, antes de todo esto yo tuve un pololo, casi tres años de pololeo. También pensábamos casarnos. De hecho, era en abril. Pero se fue todo a la chucha no más. Son cosas que pasan.
—¿Cómo puedes tomártelo tan a la ligera?
Buena pregunta.
—Chuta, no sé, pienso que son cosas que pasan no más, que hay cosas peores, que es mejor que se haya ido a la mierda antes de casados que después, ¿no pensai?
—Nunca me contaste esto.
—No creo que sea relevante. La weá ya fue. Así como creo que lo tuyo con la chaba… con Javiera, también fue. Y quizá conmigo igual fue. Yo me voy pronto y no tengo muchas ganas de volver después por ti. Yo hice weás tontas cuando pendeja, sí, lo sé, porque soy fea, porque tengo cara de Fernando Villegas, que por si no sabís es un viejo feo y chascón que sale en la tele en chile, porque no tengo tacto, porque no soy ni tan delicada ni tan señorita ni tan femenina princesita como a todos les gustan, y al final tenía razón porque te quedaste con la Javiera a pesar de que sabías que ella no era yo. Estoy segura de que si me hubiera mostrado igual no me hubierai pescado. Por fea, y porque todos dicen la misma mierda de que importa lo de adentro y toda esa basura y nunca ha sido verdad. Y ahora sé que tienes una lucha interna entre mi cara de trauco y mis chistes que te hacen cagar de la risa.
—Pepi, no eres fea…
—Bueno bueno, pero es verdad todo lo que digo. ¿A qué viniste? ¿A decirme que estay triste porque la chabacana… (sí, la chabacana, no pongai esa cara) y tu ya no se casan? ¡Vuelve con ella po! Cásate. Y deja de wearme. Que igual no me vay a ver más, me voy de este país demasiado liberal para mi gusto. No cambio mi chilito, con su gente quizá no tan hermosa pero también no tan cagá de la cabeza. Y, ¿sabís que? El Ibizo, ese cabro que se fue, es bisexual, y bisexual y todo es harto mas hombre que tú.
Me indigné y toda indignada saqué una galleta y me paré, para abrirle la puerta y que se fuera a la chucha (y me dejara pasar mi caña tranquila, porque estaba hecha pico), y el español se paró también.
—¿No soy hombre, eh?
Y pescó la galleta que yo tenía en mi mano, la tiró a la chucha y me plantó tremendo beso.
Anuncios