Capítulo 11

Fue el beso más cuático de toda mi roedora existencia. Una galleta es una galleta, pero no me dio pena que terminara en el suelo, en el rincón más recóndito de la alfombra.
Era como un sueño, era como High School Musical, miré de reojo solo para comprobar que no salía Zack Efron de la cocina bailando y cantando. Abracé al español y le respondí, con la caña a full pero igual aperré.
Pucha que olorosito, como osito de peluche con colonia Amen. 
Y después de un siglo nos separamos, y lo miré, y me reí, y no me dieron vergüenza mis dientes separados, ni el frizz de mi pelo, ni la espinilla que me había salido debajo de la nariz. Entonces así como un impulso, fui y lo abracé y lo apreté fuerte como gokú, para que nunca más se fuera de mi lado.
—Ándate a chile conmigo —le dije, feliz—. Allá tenís pega asegurada. Podís leer las noticias o manejar el metro, no falla.
Me sonrió con su sonrisa pepsodent tan común de los ingenieros industriales (?).
—Te propongo otra cosa —dijo—. Este día olvidémonos de todo lo malo y vamos a pasárnosla al cine. ¿Qué te parece?
¿Cachan ese gatito sorprendido que se puede enviar por whatsapp? Bueno, esa fue mi cara.
Obviamente le dije que si, y fuimos al cinesa (algo así como cine hoyts). Antes de eso vitrineamos un rato algunas tiendas, compramos helados, echamos la talla, conversamos, nos reímos. Era como un sueño.
Cuando entramos, compramos una bolsa gigante de cabritas. Ni me gustan, pero cabía la posibilidad de que mientras sacaba y sacaba cabritas, nuestras manos se encontraran y el se diera cuenta de que debía casarse conmigo y no con la chabacana, y me pidiera matrimonio ahí mismo, con una cabrita en vez de anillo.
—¿Qué te parece la cartelera?
—Mmm no sé —dije, pensando para mis adentros que ya las había visto todas piratas.
—Yo voto por Bajo la misma estrella —dijo el español, como que no quiere la cosa.
—Noooo, es re trágica. Al final muere el cabro y la mina queda hecha pico.
—¡Pepi Pepi, no me cuentes la película, joder!
—Yo voto por Al filo del mañana.
—No me van las de sangre.
—No es de sangre, es de extraterrestres. Ya po, sale una rucia de protagonista igual, a ver si te entusiasmai.
Me miró de reojo frunciendo levemente el ceño y aceptó.
Compró las entradas y entramos a la sala, a ver los réclames.
Oh, pedazo de película. Tom Cruise guachito rico. La primera vez que murió fue la cagá, y después cada vez que moría era más pal pico. Estaba yo ahí, en lo mejor, mirando dos minutos la película y dos minutos el perfil del español, que miraba la pantalla atentamente. Yo tenía toda mi mano extendida para que me la agarrara, pero es más weón que los perros nuevos y para lo único que la usaba era para meterse cabritas al hocico.
“Puta que es pavo” pensé, y con toda la rudeza tomé su mano y la agarré. Me miró un poco descolocado pero a los dos segundos sonrió, y apretó mi mano bien fuerte. Era como un sueño, era mejor que ver en youtube las repeticiones de Kramer en viña del mar.
Todo era lindo, faltaban los puros corazones flotando, cuando empieza a vibrarle el celular al español.
—Ay no, no me digai que es la Javiera…
Dicho y hecho, era la weona.
—No le contestes —le pedí—. Ya po, tu mismo dijiste que era nuestro día.
El español me hiizo caso, pero la weona siguió llamando hasta que al final el español contestó, susurrando bien bajito.
—¿Qué pasa, Javiera?
Sonaron chiflidos de todos lados pa que el weón se callara. Yo también chiflé un poco y le tiré unas cuantas cabritas en la cabeza.
De un momento a otro la cara del español se descompuso totalmente. Me asusté. Pensé ‘puta la weá, típico, la mina ahora está embarazá y cagué’. Esperé pacientemente chiflando de vez en cuando hasta que español cortó.
—Pepi, lo siento, debo irme ahora mismo.
—¿Qué pasó? Puta, esa mina siempre arruinando todo… —dije, más enojada que la cresta.
—No, no es ella —susurró, al borde de las lágrimas, tomando sus cosas—. Han atropellado a Copito.

 

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