Capítulo 18

Estoy segura de que más de alguno de ustedes lloró en clases cuando chico. Yo nunca lloré en clases porque me daba vergüenza, mucho menos en la vía pública; vergüenza a la cara horrenda que una pone. Pero me dio tanta pena que mientras caminaba arrastrando las patas me corrían las lágrimas igual no más.

Puta que soy fea cuando lloro, pensaba. Se me hincha la nariz y me parezco a Rodolfo el reno con elefantiasis nasal. Y además pensaba, puta, Español culiao, se fue con la chabacana. Me dejó por fea. ¿Quién me manda a comer tanto? Y luego, ay Pepa, es que son tan ricos los chocolates, sobre todo el chocolate blanco… es rico comer. Y finalmente una vocecita me decía: el chocolate blanco es pura manteca con azúcar, no es realmente chocolate. “¡Pero es rica po, conchetumadre!” y así callaba a mis pensamientos de comida y volvía a sollozar más fuerte porque retomaba los pensamientos tristes del Español.

El Ibizo me abrazó. Me apretó tanto que pensé que el sostén se me iba a reventar

—Pepa, no olvides que sea lo que sea que estás pensando y que te hace llorar, son solo suposiciones.

—Ay Ibizo, es muy obvio —le dije con los mocos asomándose—. Última conexión en whatsapp, el día del pico. Última conexión a facebook, el día del loli. Nada en su muro, ningún post. Es evidente que se fue con la chabacana y lo están pasando tan bien que ni tiempo para conectarse tiene.

—¿Y si quería estar con Javiera no le salía mejor cortar contigo? No tiene ningún sentido Pepi.

—Pucha, no sé. No quiero pensar.

—Que le den por culo, y nunca mejor dicho —dijo el Ibizo intentando animarme.

—Tú si que sabís sobre dar por culo —le dije esa weá como talla, pero no se rió. “Chucha, la cagué” pensé.

—¿Y por qué, según tú?

—¿Es en serio tu pregunta? —me sentí confundida— Porque te gustan los hombres po, ¿no? Y supongo que con el Blondie no se van a puros crucigramas…

—Estás muy equivocada —el Ibizo estaba serio. Me iba a echar cagando de su casa. ¿Había algo parecido al Hogar de Cristo en Madrid?

—Pero… wait, ¿no que Blondie es tu pololo?

—No somos novios con Blondie, somos amigos.

No entendía nada.

—Pero él no piensa lo mismo —puntualicé.

—Sí, pero no pasa nada. Unos cuantos besos por joder, y nada más.

—Pero en el bar fleto al que fuimos te lo agarraste po, o sea, besos, te vi ahí… me abandonaste de hecho…

—Eso tenía un propósito.

—¿Es broma? ¿Videomatch y weás?

—¿Estás de coña Pepi? ¿Me ves gay? No soy gay, jamás me he liado con un tío, ni acostado.

—Pero la otra vez te pregunté…

—Pepi, esto es España, soy de Ibiza, las cosas son así y punto. Pero a mí me gustan las chicas.

—¿Y por qué andas con Blondie?

—¿Y joder con Blondie me hace gay?

—No, pero bisexual quizá.

—No.

—No entiendo nada.

—Pepi, me contaste que jugabas con tu gato a la Bella Durmiente. Que lo acostabas, le tapabas los ojos y le besabas el hocico para despertar “a la princesa”, y que tu gato se enojaba y te rasguñaba la cara. ¿Eres zoofilica por besar a tu gato?

—No…

—Pues yo no soy bisexual por besar a Blondie.

Me pareció que su analogía sobre mi gato y yo era lo suficientemente gráfica y no quería darle chance para que contara más weás que me arrepentía de haber contado.

Tomamos un taxi y nos fuimos a su casa. No hablamos en todo el camino. Yo retomé mi dignidá y deje de llorar como las weonas. Filo con el Español, no necesito a un weón al lado para ser feliz. O quizá sí, pero no para una felicidad completa. Una vez escribí un poema en mi blog personal acerca de estar bien contigo misma y con alguien al lado. Qué pena que soy como el cura Gatica: predico pero no practico, razón por la cual nunca doy consejos cuando me los piden. No quiero dejar la cagá.

Empecé con mis típicos Autopensamientos, que los denomino así porque son los pensamientos que tengo cuando sufro por amors. Los autopensamientos en realidad son frases del libro de Fabio Fusaro, y como es un escritor argentino, mis autopensamientos son en ché.

«Che Pepi, vos tomás el raquet –no eso no- Che Pepa, tenés que seguir tu vida, que el amor llega solo, y tienes que estar bien contigo misma porque así podés demostrarte a vos y a los demás que solo necesitás de tu propia compañía para ser feliz y a la mierda porque todos los hombres valen callampa». A veces le pongo de mi cosecha a los autopensamientos.

Entramos a la casa y el Blondie estaba raro. Nos miró feo y se paró de brazos cruzados golpeando el piso con la puntita del pie. Llevaba puesto un short dorado con lentejuelas y una camiseta de Madonna. Nos saludó con un escueto ‘hola’ y me dio cuquito. Puse mi mejor cara de estreñimiento para dejarle claro que soy horrenda y que no pasa ná con el Ibizo, pero se lo llevó a la cocina y me dejó ahí parada.

Me fui a mi pieza mejor porque no quería más dramas. Encendí el notebook y puse música, pero igual escuchaba la pelea. Parece que Blondie no pensaba lo mismo que Ibizo respecto a lo de ‘solo somos amigos’. Seguía sin entender qué weá la orientación sexual del Ibizo.

—¡…Me estás cargando, Mario! ¡Quedaste de ir conmigo a ver Maze Runner!

—Joder, pero no me des ostias, fui a buscar al cabrón del Español con Pepi, que está hecha un lío. Podemos ir ahora al cine, coño.

—¡Es que no, es que no, es que ya no! ¡Ya me he cabreao! —chillaba Blondie.

—Es que no entiendo por qué te has cabreao, son las cuatro de la tarde, joder. ¿Te molesta que salga con Pepi?

—¡No, no me molesta! ¡Pero si quedas conmigo, quedas conmigo! ¡No me entiendes Mario, no me entiendes!

Chuuuuucha, pensé, la mansa cagá. Me iban a echar cagando en cualquier momento. Ya veía que el Blondie entraba a mi pieza y me agarraba de las mechas y tiraba mis cosas a la chucha.

Me puse los audífonos porque no quería escuchar dramas ajenos, para eso ya tenía los míos. Le mandé un whatsapp a una de mis mejores amigas, a la que le puse Gatolargo porque tiene cara de gato, tiene muchos gatos y mide como 175.

«Gatolargo, te podís conectar? Quiero ver al Teo»

«Sí»

Abrí skype y esperé a que se conectara. La saludé, le conté que todo iba bien (bien como la mierda) y puso a mi gato a la webcam. Ella es una muy buena persona, sus gatos han sido rescatados de la calle por ella y su mamá y amablemente se ofreció a cuidar al mío.

—¡Coooomo está el gato más rico del mundo! —le dije.

Teodoro miraba a todos lados menos a la cámara.

—Ya poh weón mírame.

Teodoro empezó a lamerse una pata.

—Uuuy que estay gordito, ¿te han joteao mucho los gatos de la Pauli?

Empezó a mirar para arriba y después a revolverse para que lo soltaran.

—Bueno, hoy no quiere hablar —nunca quería hablar en todo caso. Los gatos no hablan cuando hay personas presentes.

Hablé un rato con Gatolargo y después me desconecté. Escuché un portazo cuyo ruido no fue apagado por la música de mis audífonos y me urgí, porque un portazo significa que la pelea no iba muy bien.

Tomé el celu y descargué Tinder. Una vez había usado esa weá, pero había salido cada weón degenerado. En todo caso no lo descargué con intenciones serias, solo quería webear. Decidí darle like a todo el mundo. Like, like, like, like. La weá que fuera, like. Y no sé si les ha pasado con esa aplicación, pero como que ni miré bien y di like, y un instante después caí en la cuenta de que acababa de dar like al Zorrón, que para mi mala cuea también andaba maraqueando en Tinder.

—Puta la weá.

Dejé el celu encima de la cama y fui al living a cachar qué ondi.

El Ibizo estaba en el sillón mirando tele. Ahí encima estaba la carátula de mi DVD Harry Potter y las Reliquias de la Muerte parte 1, y en la tele se veía la película, que había empezado hace poco.

—¿Qué pasó? —hice como que no escuché nada.

—Blondie se ha cabreao y se fue con sus amigos.

—Aps.

Me senté con él y vimos juntos la película. Amo la parte de la boda de Bill y Fleur y se sabe que Hermione y Ron se tienen ganas y se miran de forma cómplice. También en esa parte odio a Emma Watson por verse tan mijitarica con su vestido rojo, qué envidia.

—Blondie está celoso de ti —soltó el Ibizo de pronto, sin dejar de mirar la pantalla.

Me reí y alargué la risa exageradamente porque eso era incómodo.

—Qué tonto —es lo único que salió de mi boca.

—Se ha acabronao y me ha dicho que ahora quiere dormir en mi habitación —me miró con su piel bronceada, sus ojos pardo y su chasca con gomina. Ahora que lo miraba bien, tenía un aire a Elrubius.

—Hmmm… —no sabía qué decir—. Mira, acá queda la cagá.

—¿Cómo?

—En la película. Mira… ese es un patronus, tienen que salir cagando de ahí. Pal pico un matrimonio así.

No seguimos hablando hasta que se acabó la peli. Después le di las buenas noches y me fui a mi pieza.

Vi la lucecita blanca de mi celu parpadeando, pero supuse que era un mensaje de Tinder. “Nota mental, desinstalar esa mierda cuando tenga menos paja”. Me tiré a la cama y me quedé mirando el techo, y tuve pensamientos relacionados con que no sabía que mierda estaba haciendo con mi vida.

Estaba quedándome dormida cuando una alerta de Whatsapp me despertó. Moví mi cuerpo poco flexible y agarré el teléfono. Tenía como diez llamadas perdidas y un mensaje.

«Estoy afuera de tu piso»

Era el Español.

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