Capítulo 7

Anoche al final salí con jeans, porque me parecía a la mamá de chubaca con lo pelúa que estaba. No me arreglé mucho, total, iba a webear un rato no más, sin intenciones perversas de por medio. El Ibizo me había invitado a una especie de disco bar del centro, de esas weás medias alternativas a las que le gusta ir. Yo me encogí de hombros y dije que sí no mas, total, qué mas daba a donde fuera a webear.
Llegamos y nos sentamos a pelar a la chabacana, a preguntarnos qué será de Copita y a tirar suposiciones sobre el motivo de las llamadas del Español. Así estábamos mientras los mojitos cubanos iban y venían y me anduve entonando, porque como nunca tomo me curo con poco así que quedé shúper happy como con dos vasos. Me comí hasta la lechuga que viene flotando y el Ibizo me miró raro.
-Eh… ¿bailemos? -me dijo, con su tono relajao tan característico.
Me paré y le di no mas po, aunque bailo como el hoyo. En año nuevo mi pasito matador es ese que hacen los viejos como hacinedo un remolino con las manos y doblando la espalda hacia delante y hacia atrás, y como que todas las weás las bailo igual con algunas pequeñas variaciones para pasar mas piola, pero la música que pusieron era como una electrónica que iba demasiado rápido y en un momento parecía que toda la gente en la pista había sido poseída por el coludo, así que puta, pa no desentonar ahí estaba yo contorsionándome con la gracia y delicadeza de una estampida de rinocerontes cuando en esa, los 3/4 de tarro de nutella que me había comido una hora atrás empezaron a patearme las tripas. Me dieron unas ganas de cagar heavy, pero apreté el poto no más y seguí moviéndome toda colijunta, porque no habían pasado ni cinco minutos desde que había empezado a bailar y no quería que el Ibizo pensara que mi estado físico es una mierda (aunque sí, lo es).
Levantaba los brazos y de vez en cuando una que otra pata y la gente alrededor mío empezó a alejarse. En otra situación hubiera sentido ene plancha, pero los mojitos cubanos con sus respectivas lechugas me habían dejado lo suficientemente happy. Y estaba en esa cuando en una, paf, se me sale el tremendo peo.
No voy a decir que se escuchó, porque la música estaba a todo chancho y pasó piola, pero el olor demás que se sintió así que empecé a correrme. Y cuando di los pasos para moverme, mi colon ascendente, transverso, descendente, sigmoideo y todas las weás, como que se retorcieron cuáticamente y pensé que me iba a cagar. ‘Oh conchesumadre, nutella culiá, pa qué te comí’ pensé. Le dije al Ibizo que iba al baño a mojarme la cara y fui hacia el WC con las patás apretadas caminando como palitroque.
Llegué al water ya casi con un ardor en el cuerpo. Habían ene minas maquillándose, arreglándose descaradamente las tetas, y algunas estaban comiéndose entre ellas, métale besos y manoseo. Dije, ‘qué chucha’ y me metí más que rápido a un cubículo. Fue glorioso, como si el santo padre me hubiera acogido entre sus brazos y me hubiera besado la frente y hubiera defecado los excrementos más sacrosantos. Estuve como media hora ahí sentada mientras de vez en cuando alguien desde afuera me preguntaba si estaba viva, hasta que salí no sin antes jurar que nunca más comería nutella.
Me arreglé un poquito y salí al bar. Lo crucé y me puse a buscar con la mirada al Ibizo en la pista de baile, pero no lo veía en ningún lado. Igual, había ene gente, así que me di una vuelta por toda la pista hasta que en un rincón lo vi.
Abrí la boca ante tal imagen impactante. El Ibizo estaba métale besos con un rubio oxigenado que andaba con pantalones pitillo y una camisa morada. Miré bien, miré como cinco veces para asegurarme de que aquello era cierto, y tras estar segura, lo twitteé para jamás olvidar tamaña imagen. Así que al final al Ibizo le gustaban de pino y de queso, como dice la Joven. Nunca lo hubiera pensado. Conchesumadre, las desventajas de haber nacido sin radar gay.
Me fui a sentar a la barra aún muy traumada y pedí un copete cuyo nombre no recuerdo. No tengo drama con los gays, lesbianas, bisexuales y todas las cosasexuales que hay, pero era el Ibizo po weón, le había hasta dado un beso antes! Y estaba en esa pensando qué onda la vida cuando mis sentidos arácnidos me alertaron.
-Conmigo no po perrita.
No se si les ha pasado, que estay en el extranjero y al escuchar hasta el acento chileno mas flaite, este suena como un coro de ángeles celestiales. Bueno, un poco mas allá habían dos minas discutiendo. Una era joven, chica y morena y la otra era mas vieja, igual media rara, vestida shúper hippie. Terminaron su discusión y la morena se fue, mientras que la otra se dio vuelta y cachó que la estaba mirando. Caminó hacia la barra y pensé que me iba a putear por sapa, pero se sentó al lado mío y pidió una coca cola.
-¿Eres chilena? -se me salió, en parte porque estaba un poquitín curá, en parte para pasar mi estado de shock post Ibizo.
-Sí, ¿y tú?
-Sí, también. Soy de santiago.
-Ah, weena, yo de valpo. ¿Que andai haciendo acá en españa? -tenía un diente de oro. Pensé que podía ser circense.
-Estudiando, y tú?
-Yo estoy trabajando, soy relacionadora pública.
-Mira, qué buena.
Nos quedamos en silencio un rato, hasta que me miró raro y me dijo:
-Estay pálida cabra. ¿Te sentís bien?
Y se me soltó la lengua mierda. Le conté que había ido al baño, que me demoré harto ahí dentro, y que cuando volví vi a mi acompañante comiéndose a un rucio oxigenado como si hubiera sido la mina más rica de la mansión Playboy.
-Si estay en españa po weona -me dijo, sorbeteando su coca cola-. Aca lo raro sería que te encontratai con un weón machito.
Lo pensé dos segundos antes de caer en la cuenta. Ay no conchesumadre, el español chutea pa los dos equipos! Eso lo explica todoo! Que haya pateao a la chabacana, que me haya dado rosas, que me dedicara canciones, que despues se distanciara, que me llamara, que después me friendzoneara… quizá me veía como hombre, por mis bigotes, y no estaba seguro si le gustaba más un hombre como yo o una mijita rica como la chabacana… ¿Iba a estar yo dispuesta a hacerme un cambio de sexo por el amor del español? Son weás que una piensa curá.
De reojo vi como el ibizo y el otro weon pasaron de la mano al baño. Ibizo culiao, me había dejado sola como el guarén de acequia que soy y había terminado hablando weás con una vieja que quién sabe de qué sucutrucho había salido. Pedí otro mojito y con una bombilla empecé a jugar con la lechuga que feliz y despreocupada flotaba ahí. Al final, me lo terminé de tomar y decidí que no tenía nada más que hacer ahí.
-Ya, me voy, que estés bien -me despedí de la señora.
-Pero estay hecha bolsa cabrita. Si querís te acompaño.
Eso me encanta de los chilenos, que si te los encontrai a la chucha del mundo, te apañan y son buena gente. Le sonreí y nos fuimos juntas caminando, conversando de la vida.
Pero en un momento de lucidez empecé a cachar que me llevaba por unas calles raras que de ninguna manera desembocarían en mi edificio.
-Oye, sabís que por acá no es…
-Camina no más, si yo cacho por donde vamos, tu estay muy curá.
-No no no, si yo sé que no es por acá, qué onda…
-Ya negrita tranquila, si te hubiera querido asaltarte lo hubiera hecho hace raaato po, así que suelta la weá de celular y la billetera si no querís terminar con un cuchillazo en la raja.

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