Capítulo 8

Después de que la relacionadora pública amablemente procedió a choriarme hasta mis chalas del lider, no me acuerdo como chucha pero logré llegar a mi depto. Al otro día desperté con un sabor como a caca en la boca y con un dolor de cabeza cuático. Después de un rato, caché que había despertado porque alguien golpeaba la puerta. Prácticamente arrastrándome fui a abrirla y adivinen quién era.
-Te he llamado toda la noche al móvil y sonaba apagado. ¿Qué pasa?
-Ibizo culiao, ni me hablís.
-Tardaste un mogollón cuando fuiste a mojarte la cara. Después, no te vi más.
Ahí si que me enojé.
-¿Por qué chucha no me dijiste que tirabai pa los dos lados? Te vi agarrándote a un weón rucio.
Y me miró y su cara poco a poco empezó a tornarse en una mueca y en cinco segundos ya estaba cagao de la risa, como si Bombo Fica estuviera restregandole sus guantes blancos por la raja.
-Joder, ¿que no te habías enterado? -dijo, aún riéndose-. Pensé que era OBVIO.
-¿O sea que… tirai pa los dos equipos?
-Sí Pepi, soy bisexual. Me sorprende que no lo hayas notado. No soy precisamente discreto respecto a eso.
Puta la weá, nunca lo hubiera imaginado. Recordé inmediatamente un episodio de mi juventud. Era mi primer año de universidad y me hice un amigo. Andábamos para todos lados juntos y me abrazaba tanto que terminó como que gustándome un poquitín. Hasta que un día me llevó a un rincón para decirme algo importante. Yo me puse el mejor lip gloss avon que me prestó una compañera y fui, y ahí estaba toda emocionada cuando el weón me dice ‘Pepi… soy gay’. Y claro, después mis amigas me dijeron, pero como chucha no cachabai, si usaba cartera, tenía el escuche fucsia, nadaba en sunga…
Cuando dejé de pensar todo eso, el Ibizo ya se había instalado en el sillón. Me fui a sentar con él casi con resignación y le conté lo del asalto. Se cagó de la risa cuando le dije que pensé que era del Cirque du Soleil por su diente de oro.
-No veo qué relación puede tener un diente de oro con el Cirqu du Soleil.
Empezamos a ver tele hasta que sonó de nuevo la puerta. Pensé, ‘puta la weá, la vieja viene a cobrar el arriendo’ y salí poniendo cara de pobre porque no tenía ni uno pa pagarle, pero para mi absoluta sorpresa, era el Español.

 

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