Capítulo 9

Quedé en shock.
-Te he llamado al móvil, pero suena apagado. ¿Te ha ocurrido algo? -dijo el español, con su española voz.
-Me lo pelaron… robaron -aclaré.
-¿…Puedo? -preguntó, haciendo el ademán de entrar.
Lo hice pasar al living, donde el Ibizo estaba echado a lo largo. Se había sacado hasta los calcetines y le sonrió al español mostrándole todos los dientes y moviendo la mano también. El Español puso una cara rara y dijo:
-Si os molesto puedo regresar en otro momento…
-No, no! -dije, mirando al Ibizo pa que se pegara el alcachofazo-. Si él ya se iba.
Ibizo estaba absolutamente instalado en mi living, sin intenciones de irse.
-¿Estás loca? si acabo de llegar -dijo-. Yo soy Ibizo, un gustazo.
-Español-dijo el español, medio enojado igual.
Miré al Ibizo como Uma Thurman en Kill Bill. El weón me guiñó un ojo, prendió la tele y empezó a hacer zapping.
Con el español nos sentamos en mi comedor y empezamos a conversar. En mi fuero interno yo rezaba pa que el Ibizo no se mandara un cagazo, o mejor aún, que se fuera, pero no pescaba mucho. Y entonces, recordé lo que la lanza internacional me había dicho: ‘Si estay en españa po weona, acá lo raro sería que encontrarai un weón machito’. Miré al español analizando su cara delicada, su pelo brillante Loreal, su sweater al hombro, su camisa planchadita. ¿Chutearía con las dos patas también?
Lo miré tan ensimismadamente que no caché que me estaba haciendo señas con las manos.
-¿Qué?
-Que me digas qué ha pasado, cómo es eso de que te han robado.
Le conté entonces todo lo que había pasado y el Ibizo se nos unió a la conversa. Ahí me surgieron unas ganas tremendas de preguntarle cara de raja al Ibizo si pensaba que el Español era huequereque, o sea, si el Ibizo lo era, demás que cachaba a todos los que tiraban pa los dos lados.
Me paré para servir algo de comer y llamé al Ibizo con un dedo.
-Ya, dime -le susurré mientras servía jugo en unos vasos-. ¿Creís que sea fleto?
Ibizo reflexionó unos tensos como don francis en Quien quiere ser millonario, antes de responder.
-No, no creo. Está buenazo, pero no da el tipo.
Suspiré aliviada.
-Ibizo, porfa, ándate.
-Ay, pero por qué? conmigo o sin mí esto no terminará en un revolcón.
-Ya po, porfa!
-No nena, que yo a ti quiero ayudarte con ese tío.
Ibizo se fue a la mesa con los vasos de jugo en sus manos y yo llevé algunas cosas para picar. Me dio miedo lo de ayudarme, prefería que se fuera, en serio. Sentía que de un momento a otro iba a quedar la cagá.
-Esa tía rubia con la que estuviste, se ha diagnosticado la esquizofrenia? -le preguntó el Ibizo al Español así, de la nada. Abrí los ojos y la boca y quedé en shock anafiláctico.
El español quedó en las mismas.
-Que… qué?
-Que eres un bruto tío -dijo el Ibizo, súper serio-. A esta pobre muchacha se le cae la baba cada vez que te ve y tu te andas con rodeos. Sigues en contacto con la rubia loca y jodes con Pepi. Ni yo entiendo qué te pasa. Espabila -agregó, chasqueando los dedos en su cara.
Conchesumadre, Ibizo reculiao. Me puse roja a cagar y el español estaba con la boca entreabierta. Se hizo un silencio incómodo, interrumpido solo por el sorbeteo de Ibizo tomándose su jugo con toda calma. Luego se paró, se puso sus zapatillas y agregó, vociferando:
-Esta tía te ama, y se vuelve a chile dentro de nada. O decidís ahora mismo qué coño vas a hacer, o te dejas de joder y me dejas el camino libre.
Y tomó sus cosas y se fue.

 

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